El pasado lunes 14 de septiembre el equipo del Observatorio Austral (ESO, por sus siglas en inglés) anunció el descubrimiento de una molécula poco común en el infierno ardiente. Los astrónomos llevan años investigando la existencia de microorganismos en las nubes del segundo planeta del Sistema Solar. Al parecer la fosfina, una molécula polar, es la causante de esta noticia. El descubrimiento podría ser clave para un indicio de vida aérea en Venus.

El plantea vecino ya daba indicios de vida desde 2017 cuando se empezó a investigar estas  partículas flotantes. Pero no fue hasta el año pasado que se buscó confirmar los dato mediante otra tecnología, el ALMA, un radio, un radiotelescopio más potente situado en el desierto de Atacaba (Chile). A pesar de los resultados obtenidos, esta concentración en las nubes altas de Venus es muy pequeña, sólo una veintena de moléculas por cada mil millones. Lo que no ratifica los titulares que hemos leído en estos días.

De hecho, la ciencia no descarta ninguna hipótesis e igual que este gas ha sido una revelación que no se esperaba encontrar en sus nubes, quizás también pueda albergar algún atisbo de vida por descubrir.

¿Por qué a partir de la fosfina puede existir vida?

Para la producción del gas fosfano, compuesto por tres átomos de hidrógeno y un átomo de fósforo, las bacterias de nuestro planeta toman fosfato de minerales o de material biológico a los que añaden el hidrógeno. Esto podría indicar la presencia de microorganismos en el planeta. Sin embargo, los científicos explican que, aunque las nubes altas de Venus presentan agradables temperaturas en torno a 30 grados centígrados, el 90% de su composición es ácido sulfúrico presentando problemas para la supervivencia de cualquier microbio. Lo cierto es que el planeta en sí no podría ser habitado pero su atmósfera abarca las características necesarias para albergar vida.

Por consiguiente, algunas curiosidades en las que podemos centrar nuestra atención tras el hallazgo son los vientos huracanados que existen en el planeta, superando los 700 kilómetros por hora. Sus lluvias ácidas o incluso sus temperaturas que alcanzan los 450 grados. Siendo el planeta más caluroso del Sistema Solar. Además, es muy similar a la Tierra en cuando a su gran concentración de volcanes. Pero se diferencian en el paso del tiempo. Mientras un año en La Tierra tiene 365 días, Venus tarda más en dar una vuelta sobre sí mismo que alrededor del Sol, por eso los días son más largos que los años.

Aún no podemos creernos esos titulares que afirman encontrar microrganismos en la atmósfera de Venus. Lo que sí podemos afirmar es que la ciencia debe mirar hacia Venus como un posible foco de vida dentro de nuestro sistema. Como dijo Stephen Hawking en su última visita a nuestro país:

“Recuerden mirar hacia arriba y no hacia sus pies”.

Ivory Samos