Desde el 2005, el 20 de junio se celebra el Yellow Day o el día más feliz del año. Una excusa, motivo u oportunidad para reflexionar sobre la felicidad en el amplio sentido de la palabra.

¿Es posible que en pleno siglo XXI todavía no hayamos encontrado la definición definitiva sobre este ancestral concepto? De hecho, no solo sigue siendo una tarea pendiente, sino que, además, parece que cada vez resulta más difícil. 

No obstante, en el siguiente artículo nos gustaría arrojar un poco de luz sobre qué es la felicidad desmitificando algunos mitos de la mano de Silvia Congost, psicóloga experta en dependencia emocional, autoestima y relaciones tóxicas.

La felicidad según mi buscador de Google

Al teclear en Google “la felicidad”, me aparecen tres opciones para completar mi búsqueda: 

Te invito a que realices la misma búsqueda para comprobar si Google te ofrece resultados diferentes. Lo más seguro es que así sea, pues las sugerencias siempre están relacionadas con todo lo que las cookies saben de ti.

En mi caso, concuerdo en las dos afirmaciones que me propone el buscador. Pero, desde luego, la felicidad no es solo tener una jornada de cuatro días ni saber valorar las pequeñas cosas del día.

Para mí es cuestión de perspectiva, amor propio y resiliencia, mientras que para la psicóloga Silvia Congost es “un estado que nos conecta con la paz interior, con el merecimiento, con la gratitud y con el momento presente en el que pase lo que pase, todo está bien”.

¿Y para ti?

La felicidad ni se compra ni se consigue

Uno de los principales motivos de infelicidad de nuestra sociedad es el “quiero pero no puedo” y, sin lugar a dudas, las redes sociales son un desencadenante de la misma. Ansiar lo que no tenemos o envidiar lo que tienen otros nos hace desvalorizar lo que sí poseemos. 

El marketing y la publicidad intentan vendernos constantemente productos, soluciones y experiencias con las que ser felices. Pero lo cierto es que la felicidad no se compra ni se consigue, más bien se construye desde el interior.

“No es más feliz quien más tiene, sino el que menos necesita”.

Pero, ¿por qué nos cuesta tanto aplicar esto al día a día? ¿Somos o podemos ser más felices de lo que pensamos? ¿Es todo cuestión de perspectiva? Se lo consultamos a nuestra experta, Silvia Congost, y esta es su respuesta:

“Sin ninguna duda. Es cuestión de ver en qué nos focalizamos ante cualquier situación de la vida. Todo se puede analizar desde distintos puntos de vista y cada uno de ellos nos llevará a unas conclusiones muy diferentes. Si conociéramos la esencia de los seres humanos entenderíamos que, al final, lo que necesitamos para ser felices es amor y conexión. Poco más. Pero es cierto que formamos parte de una sociedad muy materialista que nos empuja a sentir necesidad de más y más como requisitos imprescindibles para conseguir la ansiada felicidad. Lo importante es, de vez en cuando, volver a la esencia, volver a tomar consciencia de dónde estamos y de qué es aquello en lo que nos debemos focalizar: en aquellos que nos aman, para los que somos importantes y valiosos, que nos lo demuestran con sus acciones, y en rodearnos de personas con quienes sintamos una verdadera conexión”.

Menos preocuparse y más ocuparse

Para encontrar ese sentimiento de bienestar a menudo basta con preocuparse un poquitito menos y ocuparse un tanto más. Especialmente ante circunstancias o problemas que se escapan de nuestras manos. 

Sin embargo, del dicho al hecho hay un trecho, sobre todo si tenemos en cuenta la función de agente protector que cumple nuestro cerebro.

“Cuando nos encontramos ante una situación nueva o desconocida, el cerebro no sabe a qué peligros nos enfrentamos o qué es lo que puede suceder. Intenta predecir lo peor, para así evitar que nos enfrentemos a algo grave y tratemos de esquivarlo. El cerebro lo hace como una forma de cuidarnos pero en la mayoría de casos, nos perjudica más que otra cosa”, nos explica Congost. 

Entonces, ¿qué podemos hacer? Aceptar, dejar ir y ocuparnos con aquello que sí podemos controlar en cierta medida. Todo es cuestión de perspectiva.

El autoconocimiento y el amor propio: los pilares de la felicidad

Buscamos la felicidad fuera cuando la realidad es que tiene que construirse, nacer y florecer desde dentro. El autoconocimiento y el amor propio son los pilares de la felicidad. No son los únicos, pero sí los fundamentales.

En palabras de nuestra psicóloga experta en dependencia emocional, autoestima y relaciones tóxicas:

“La autoestima es la base de todo lo que nos ocurre y la que explica por qué lo vivimos como lo hacemos. Tener una buena autoestima es tener muy claro que somos seres valiosos, capaces y merecedores (de que nos amen, de tener éxito, de que nos pasen cosas buenas) y si no tienes esto claro, no puedes sentirte bien contigo mismo. Todo lo que no sea conectar con tu esencia y con esta verdad, será infravalorarte y menospreciarte y por lo tanto, destruir y empequeñecer tu autoestima. Fortalecer la autoestima es justamente la clave para dejar de ser dependientes emocionales y darnos cuenta de que, aunque queramos rodearnos de otras personas (lo necesitamos y está bien), nadie es imprescindible en nuestra vida”. 

En la medida en la que podamos desprendernos de esas cosas y personas que parecen “imprescindibles”, pero que no lo son, mucho mejor. Si no somos más felices, al menos, viviremos con más tranquilidad y menos ansiedad.

Dejar atrás personas y relaciones tóxicas

Al igual que nos cuesta dejar de ansiar lo que otros tienen, también nos resulta muy difícil expulsar lo que nos hace daño. ¿Y si ambas disyuntivas estuvieran ligadas? A menudo suele ocurrir así, especialmente cuando se trata de relaciones amorosas, de amistad o familiares.

Las personas tóxicas y las relaciones insanas están a la orden del día. No solo se dan en parejas, sino también con amigos y familiares. En estos últimos es todavía más complejo si cabe ya que nos une ese “lazo de sangre”. 

Este tipo de relaciones nos generan mucha infelicidad, frustración, estrés, ansiedad… Aún siendo conscientes nos cuesta cortar de raíz. ¿Por qué? Al preguntarle a Silvia Congost sobre esta cuestión, que aborda en su último libro “Personas tóxicas”, nos explica lo siguiente:

“Porque normalizamos esos vínculos y, al perder la perspectiva de lo que está ocurriendo realmente, no lo vemos tan grave. El daño es profundo, nos sentimos cada vez peor, pero no lo atribuímos a la propia relación. Tomar conciencia de ello y verlo, es el primer gran paso. Después tendremos que emprender el difícil camino de ir poniendo límites y alejándonos si es necesario de esas personas. Nos cuesta mucho enfrentarnos al conflicto, no queremos discutir con los demás y por eso tratamos de evitar esas situaciones, pero hay que aprender a decir no, como algo muy necesario para preservar la propia dignidad personal y mantenernos en equilibrio mental y psicológico”. 

Recuerda: rodéate de personas que te ayuden a crecer como persona, esas con las que puedes ser tú mismo/a y, sobre todo, con las que estás por elección, no por obligación ni, muchísimo menos, dependencia o necesidad. 

La actitud ante la vida y la capacidad de resiliencia

“Todo me pasa a mí” o “qué mala suerte tengo”, “a ver qué será lo siguiente”, seguro que alguna vez has pronunciado o pensado alguna de estas frases. Yo misma lo he hecho hasta que “circunstancias de la vida” me hicieron cambiar mi actitud ante la vida y trabajar mi capacidad de resiliencia. 

Porque no, las personas más felices no son aquellas a las que solo le suceden cosas buenas. Más bien son las que, ante adversidades de cualquier tipo, tienen la capacidad de aceptar, actuar, dejar ir y extraer un aprendizaje. A todos nos suceden cosas buenas y malas cada día, victimizarnos y presagiar un futuro incierto, no nos ayudará.

Aprender a controlar esos pensamientos intrusivos no deseados, 

aprender a ver la vida desde otras perspectivas,

aprender a aceptar lo inesperado

aprender a conocernos, 

aprender a querernos, 

aprender a agradecer,

aprender a dejar ir, 

aprender.

Descubrir nuestro propio significado de la felicidad

Terminamos este artículo con la siguiente pregunta, ¿qué fue lo que te hizo más feliz ayer? A mí dar una sorpresa a una persona muy especial, a Silvia, “que mi amiga Catalina Hoffman se cruzara la ciudad después de la durísima jornada laboral que tuvo, para darme un abrazo y compartir media hora conmigo”, ¿y a ti?

Te invito a que lo escribas en comentarios, en un papel o en una nota, pero escríbelo, solo así descubrirás el verdadero significado que para ti tiene la felicidad. ¡Mucha suerte en tu búsqueda!

Devo López