En su atelier de Córdoba, donde tradición y vanguardia conviven sin fricción, la diseñadora Juana Martín nos recibe con la cercanía de quien nunca ha dejado de mirar a sus orígenes. Han pasado dos décadas desde aquel debut que sacudió Madrid y su discurso sigue intacto: intuición, inconformismo y una forma casi visceral de entender la moda.
Juana, muchísimas gracias por atendernos hoy en este atelier de tu Córdoba natal. Para nosotros es todo un placer. Te decía, previo a la entrevista, que recuerdo hace 20 años, cuando debutabas en Madrid, aquello fue un auténtico revuelo… Recuerdo estar en casa de mi abuela y ver tu desfile en todas las noticias. Lo dicho, para nosotros es un honor y todo un privilegio.
Para mí es un placer teneros aquí en Córdoba, en mi tierra. Bienvenidos y agradecida porque al final… ¡viajáis de Canarias a Córdoba!, y para mí es un placer teneros aquí.
Quería comenzar con una pregunta que seguro te han hecho mil veces. ¿Cuándo y cómo fue ese momento en el que dijiste “esto es lo mío”?
Pues… lo sé desde muy pequeñita. Siempre lo he soñado, desde pequeña trabajaba cosiendo. Mis padres eran vendedores ambulantes, vendían en los mercadillos y tuvieron talleres propios conforme iban avanzando. Yo vivía esa sensación de hacer ropa como algo natural. Para mí siempre ha sido algo muy especial. Además, siempre he sido muy soñadora, me montaba mis propias películas, cogía mis telas y me dedicaba a “hacer cosas”. Creo que es algo innato en mí. Nunca me he planteado ser o hacer otra cosa. Y mira que me encanta la cocina, pero siempre he sabido que quería dedicarme a esto, por encima de todo.



Podemos decir que has tenido y tienes una carrera exitosa. El éxito… ¿se construye?
Nunca he buscado el éxito como tal. Siempre he buscado sentirme bien conmigo misma y con lo que estaba haciendo. El éxito ha venido siempre posterior al trabajo. Cuando hago algo con ilusión no lo voy buscando, voy buscando sentirme bien, sentirme llena. Soy una inconformista nata, “nunca estoy contenta con nada” y eso es lo que me hace avanzar continuamente. Cuando me doy cuenta de que estoy en un momento de confort, despierto y empiezo a moverme de nuevo. No ha sido por buscar el éxito. Me gusta sentirme bien con lo que hago, el éxito es solo el resultado.
¿Ha sido duro?
Muy duro. Cada día más.
¿Dónde han estado tus luces y sombras?
Lo más duro está siendo ahora. Siempre ha sido duro. Los comienzos son duros, mantenerte es duro, llegar es duro. Todo tiene su proceso y todo tiene su historia. Cuando empiezas tienes una ilusión enorme y nada se te hace grande. Vas con esa sensación de querer hacer cosas. Pero cuando las consigues las tienes que mantener, y eso cuesta muchísimo. Y, por lo general, cuando quieres seguir avanzando, te encuentras con mil problemas que son ajenos a ti o que no controlas y cuesta mucho más. Cuanto más nivel, más problemas. Eso es duro.
Pero cuando te levantas cada mañana con ilusión, aunque te acuestes llorando, te levantas pensando “voy a hacer esto. ¿Cómo? No lo sé, pero lo hago”. Empiezo a tocar puertas, y aunque algunas me digan que no, pienso, “voy a llegar”. Digo: “desfilo en Miami, México… ¿Que cómo lo voy a hacer? No lo sé, pero desfilo tal día a tal hora”.
“Querían que retrocediera. Y yo había trabajado para avanzar. Así que dije: me voy”.
Juana, si no me equivoco, primero fue el certamen de moda en Estepona, después SIMOF y los Jóvenes Diseñadores de la antigua Pasarela Cibeles. ¿Cómo has ido viviendo esos éxitos?
He intentado siempre vivir el momento. Al día siguiente de ganar el certamen andaluz, por el cual me daban opción a Cibeles, ya estaba pensando en prepararme para lo siguiente. Disfruto el momento en el segundo en el que pasa, luego ya es tarde. Toda mi trayectoria ha sido así. Acabo una pasarela y ya voy tarde para la siguiente.
Soy muy inconformista, me exijo muchísimo. Vivo siempre al límite. Siempre tengo una meta que conseguir, si no, no me siento realizada. Pero tampoco las pienso demasiado. Me levanto una mañana y digo: “me voy a México”. Lo cierto es que llevaba un año pensándolo, y finalmente, este año he podido desfilar allí.
Estuviste muchos años en la Semana de la Moda de Madrid. ¿Qué te hizo dejarlo y dar el salto a París?
Ver cómo cambiaban las cosas y sentir que no me valoraban tras mi trayectoria. Llevaba 13 años, 26 ediciones en la Fashion Week de Madrid. Había pasado por todo: jóvenes diseñadores, pasarela compartida, pasarela individual. Y de repente querían que diera pasos atrás. Tenía claro que no era lo que quería. Había trabajado mucho para avanzar.
Así que dije, “me marcho. Desfilo en París. Voy a la Semana de la Alta Costura de París y voy a desfilar en el Hôtel de Ville”. La gente se reía. Y… al mes siguiente, desfilé allí. No me conocía nadie en París, pero no volví a España, me quedé allí.
A veces las cosas hay que soñarlas. Pero también trabajarlas. Los sueños se cumplen cuando sabes lo que quieres y sabes que vales. Yo dije, “me voy a París”, y me fui.
Comentábamos que en tus inicios te acogió mejor la prensa internacional que la española. ¿Crees en eso de que “nadie es profeta en su tierra”?
En mi caso, es cierto que lo ponían más difícil. Me colgaban etiquetas, me encasillaban, … Incluso gente que no venía a mis desfiles opinaba. Luego “la marca España” se puso de moda. Tradición, cultura, raíces… que es mi ADN. Lo que antes era “folclore” de una forma despectiva ahora era tendencia.
Y, de alguna manera, ha habido siempre una losa: el hecho de ser andaluza, mujer, … gitana. He llegado a escuchar, “¿quién se cree que es?”.
Cuando alzas la voz para reivindicar tu sitio, molesta.
Juana, dejando a un lado etiquetas, ¿cómo es tu estilo?
Vengo de raíces muy profundas. Pero la tradición no está reñida con la innovación. Me gusta beber de mi origen y abrirme al mundo, absorberlo todo. Así vas creando tu propio libro con todo lo que te aporta la gente de la que te rodeas y la experiencia. El aprendizaje es continuo. Así que supongo que esa es Juana Martín, una flamenca contemporánea.
Y la inspiración, ¿de dónde llega?
Como decía Picasso, la inspiración llega trabajando. Cuanto más trabajas, más ideas surgen. Una pieza te habla, te pide crecer. Tienes que escucharla, experimentar con tejidos, texturas… Sin lugar a dudas, la inspiración está en el trabajo.
“Soy una flamenca contemporánea”.



¿Te has enfrentado alguna vez al “síndrome de la hoja en blanco”? ¿Cómo lo superas?
Todos los días. Cuando te exiges tanto, te saturas. Entonces paras, descansas, y la mente sigue trabajando. Te despiertas y dices “esto era”. Ahora además tengo a Manuel, mi hijo, y las prioridades cambian. Siempre he priorizado la familia. Me llena más eso que cualquier éxito.
No desfilas en París, sin más, sino en el calendario de la Alta Costura de París, eso son palabras mayores. ¿Qué significa para ti?
Era un sueño. Me fui a París sin conocer a nadie, con una furgoneta llena de trajes. Rafa Maqueda y Menchu Benítez me acompañaron. Entramos al Hôtel de Ville con nieve, a la vez que todo el equipo aplaudía. Empezamos de cero.
¿Qué me dices si te digo “Nueva York”?
Bueno, Nueva York es una de nuestras metas. Estaremos allí, si no es este año será el próximo, pero estaremos. Tenemos muchas aspiraciones, muchas propuestas, y bueno… estamos trabajándolas. Son cosas que… están ahí. A lo mejor me levanto una mañana y digo, “me voy a Nueva York”.
Y me iré a Nueva York. Así que igual pronto me ves allí. Espero teneros allí también (sonríe).
Juana, estás a mil cosas. ¿Cómo lo consigues?¿Cuál es tu momento favorito del año dentro de tanto movimiento?
Bueno, mi época favorita es “siempre”. Es decir, cuando hago Alta Costura en enero, pues es enero. Cuando hago Alta Costura en julio, es julio. Pero entre la Alta Costura de enero y la Alta Costura de julio, hay un paréntesis que es mi moda flamenca durante los meses de febrero, marzo y abril. Entonces, se me junta todo. Ahora también he ocupado el mes que tenía libre, con Miami, así que supongo que mi época favorita del año es todo el año. Así que “siempre”.
Es que me encanta lo que hago. Para mí no es un trabajo, es una forma de vida.
¿Dónde te ves en diez años?
Quiero estar viva, no morir de estrés. Pero no lo sé. Nunca he pensado tan a largo plazo, a priori, me veo con mis chicos, con mi familia, mi marido… Disfrutando de las pequeñas cosas que me hacen feliz: mi trabajo, la comida, los aperitivos y el buen tiempo. También de los caracolitos de aquí al lado. Me gusta vivir de una manera sencilla, disfrutando de cosas pequeñas. Así que… ¿Dentro de diez años? No sé, a lo mejor estamos haciendo algo importante.
En The Pocket Magazine estamos cumpliendo diez años justo ahora. Se me ocurre que en otros diez, podríamos contar contigo para nuestra portada de nuevo.
¡Ojalá! ¡Firmado!
Ojalá sigamos soñando igual. Los sueños no cuestan dinero y la mayoría de las veces los límites los ponemos nosotros.
Pues en diez años nos vemos de nuevo. Aquí, en Nueva York, o donde sea (nos dice mientras nos lanza una mirada cómplice).
Juana, muchas gracias por todo, de verdad…
Gracias a vosotros, de corazón. Ha sido un placer.
Por Paola Bonilla. Fotografía: Francisco Fernández.



























