«La arquitectura es una representación de la vida vivida y, como la vida, ha de ser cambiante, impredecible, libre.» Francisco Javier Sáenz de Oiza

Con esta visión, Sáenz de Oiza, considerado como uno de los mejores arquitectos del siglo XX, imaginó Torres Blancas, uno de sus edificios más icónicos, que desafiaba la arquitectura racionalista de la época y apostaba por la fluidez, la integración con la naturaleza y la experimentación formal. Gran estudioso de las formas y apasionado del conocimiento, diseñó este proyecto de dentro hacia fuera, lo que le lleva luego a tomar una forma escultórica. Espacios concatenados, con distribución dinámica y flexible, donde el interior y el exterior se desdibujan. Organicismo que busca ensalzar la vida de sus habitantes y de la propia ciudad. De lo anodino a la búsqueda de significado. 

Más de 50 años después, esa idea sigue viva y evoluciona gracias a la intervención de Studio.Noju, que ha llevado a cabo una rehabilitación magistral en uno de los dúplex más exclusivos del edificio.

«No se trata de restaurar nostálgicamente, sino de dialogar con la esencia del proyecto y proyectarlo hacia el presente», explican Antonio Mora y Eduardo Tazón, fundadores de Studio.Noju. Bajo esta premisa, su intervención no es solo una actualización estética, sino una reinterpretación de las ideas originales de Oiza en clave contemporánea.

Oiza concibió Torres Blancas como una «ciudad jardín vertical», donde la vegetación, la luz y los espacios abiertos transformaran la experiencia de habitar en altura. Studio.Noju ha recuperado esta esencia devolviendo todo el protagonismo a las terrazas envolventes, que ahora se integran con el interior de manera orgánica. Una vivienda que respira su entorno.

«El espacio fluye, la luz se adueña de cada rincón y la conexión con el exterior vuelve a ser total.» Así describen los arquitectos el resultado de una intervención que respeta la estructura original, pero potencia su habitabilidad con una distribución más abierta y materiales que amplifican la sensación de calidez y confort.

En esta obra, cada elección es intencionada. Studio.Noju ha apostado por una materialidad sutil pero potente, en la que el hormigón visto –seña de identidad del edificio– se equilibra con la calidez de la madera y la ligereza del vidrio. Materialidad y diseño van de la mano, representando la sutileza de lo bien hecho.

«Queríamos que la vivienda respirara su historia, pero con la sensación de que pertenece a nuestro tiempo», explican los arquitectos. Así, la escalera original se convierte en una pieza escultórica que organiza la circulación, mientras que los espacios comunes se abren para fomentar la interacción y la contemplación.

El resultado es una rehabilitación magistral, un hogar que no se impone, sino que se siente, donde el diseño no está para exhibirse, sino para experimentarse.

Vivir en Torres Blancas es formar parte de un legado arquitectónico único. Con esta rehabilitación, Studio.Noju demuestra que la arquitectura no es estática, sino que evoluciona con quienes la habitan. La propuesta consigue recuperar con gran acierto un diálogo con la esencia original de Oiza y su propósito.

Esta exclusiva propiedad, una de las más grandes del edificio, cuenta con 400 m² distribuidos en dos plantas. Es una pieza única en el mercado. Y habitar esta obra maestra es posible. Es una oportunidad para aquellos que buscan no solo un hogar, sino una obra de arte viva, lista para ser habitada. 

Disponible por 4 millones de euros.

En The Sibarist creemos en los espacios singulares. Esta propiedad es una prueba de cómo la arquitectura puede significar en el tiempo y convertirse en una experiencia, capaz de mejorar la vida de sus habitantes.

Silvia Hengstenberg
Fotografías: Daniel Schäfer y José Hevia