Quien diga o piense que ha sido fácil está totalmente equivocado. Cuarenta números, diez años, más de 4.000 páginas de contenido… Últimamente pienso en The Pocket Magazine como un organismo vivo, que crece gracias a otros, gracias a las sinergias, a los granitos de arena, a las críticas constructivas, a mucha generosidad y a una gran pizca de mimo.
Pienso en cómo ha ido creciendo, poco a poco, con paso firme y, sobre todo, gracias a aquellas personas que han pasado por nuestras páginas, ya sea a través de las respuestas a nuestras preguntas, detrás de una cámara o delante de un ordenador.
Recuerdo la odisea de aquel primer viaje a Valencia, cuando todavía no teníamos ni una página maquetada. El atelier de un grande de la moda española, Don Francis Montesinos, lo característico de su casa, la paella cerca del mar y el caos de un grupo que empezaba a fraguarse como equipo. Algunos siguen hoy junto a nuestras siglas; otros han construido otros caminos, sabiendo que, de alguna manera, fueron parte del nuestro. A Valencia le siguieron numerosos vuelos a Madrid —maldita y bendita insularidad—, Sevilla, Córdoba, Galicia, París, Berlín, Londres, Lisboa, Nueva York…
Nuestros contenidos fueron formando su propia personalidad y pasamos de reportajes de motor y tecnología a artículos de salud mental, interiorismo, gastronomía, moda, viajes… Han sido, y son, muchos los colaboradores que han contribuido a construir esa personalidad de la que hoy estamos tan orgullosos.
Han sido, y son, muchas las personas que nos han dicho sí, contribuyendo así a nuestro avance. Un avance como medio de comunicación, quizá también como empresa, pero sobre todo como medio. Porque en The Pocket Magazine existen cimientos fuertes que nos sostienen contra viento y marea; contra pandemias y crisis; contra ciertas voluntades y ciertos imposibles en forma de exigencias.
Somos plenamente conscientes de la responsabilidad que esconde el negro sobre blanco. De la importancia de tener un código deontológico que marque esa línea editorial definida de la que, quizá, ya poco se habla.
Quien diga o piense que ha sido fácil está totalmente equivocado. Fácil no ha sido. Si tuviera que elegir una palabra para definir este camino que seguimos recorriendo, sería cabezonería. Sin más. Bueno, sí… podemos acompañarla de su sinónimo: tozudez. La mía. Y de muchas otras palabras que también lo describirían: ilusión, ganas, agradecimiento, compañerismo, profesionalidad, aventura, oportunidades, sueños, trabajo… Mucho trabajo.
Cumplimos este mes de septiembre 10 añitos. Producto de mi cabezonería, sí, pero gracias a la generosidad de todas las personas que han pasado y se mantienen en el equipo y a la predisposición de todos aquellos que dijeron, y siguen diciendo sí a un proyecto que se agarra fuerte a los valores de antes.
A esos que no tenían prisa. A los que necesitaban tiempo para revisar, contrastar y corregir. A los que entendían que la calidad y la exclusividad requieren tiempo. A aquellos que un día me hicieron elegir esta carrera y que tanto me han regalado durante estos diez años. Espero que lo sigan siendo durante muchos más. A todos ustedes, GRACIAS.
Paola Bonilla

























