Hay profesiones en las que la confianza no se compra; se construye con el tiempo, la coherencia y la capacidad de tomar decisiones cuando más importan. La abogacía es una de ellas. Pero detrás de los contratos, las operaciones empresariales y el asesoramiento jurídico existe también una forma de entender el liderazgo.

Sonia Urquiza decidió, hace justo 10 años, abandonar la seguridad de una gran firma para emprender su propio camino. Hoy, al frente de URA Urquiza Abogados, asesora a algunas de las principales empresas de Canarias y ha conseguido situar a su despacho entre los reconocidos por directorios internacionales de referencia como Chambers & Partners y Best Law Firms. Una trayectoria que habla de excelencia profesional, pero también de visión, constancia y una manera muy personal de entender la empresa.

En The Pocket Magazine queríamos ir un paso más allá del Derecho. Descubrir cómo piensa una líder, cómo se toman las decisiones cuando el margen de error es mínimo y cómo se encuentra el equilibrio entre la exigencia profesional y la vida personal.

Sonia detrás de un gran despacho hay un gran equipo, pero antes del equipo en sí está la persona que lo crea, la que lo imagina y lo piensa… háblanos un poco de ti, ¿quién es Sonia Urquiza?

Siempre he pensado que el trabajo de un abogado empieza donde termina el conocimiento jurídico. Las leyes son imprescindibles. Pero, cuando una decisión puede marcar el futuro de una empresa, el conocimiento jurídico por sí solo ya no basta. Hay que entender el negocio, a las personas y todo lo que realmente está en juego.

Esa manera de ver la profesión ha condicionado prácticamente todo lo que he hecho: el despacho que he construido, el equipo que me rodea y la relación que intento mantener con cada cliente.

Me cuesta hacer las cosas a medias. Supongo que esa forma de afrontar los asuntos, los proyectos y también la vida explica bastante bien quién soy.

Si no hubieras estudiado Derecho, ¿a qué crees que te dedicarías hoy?

Seguramente habría terminado creando una empresa. Me gusta construir proyectos, tomar decisiones, reunir a personas con talento alrededor de una idea y ver cómo algo que comenzó siendo pequeño evoluciona y adquiere una identidad propia.

Creo que habría buscado una profesión que me permitiera crear algo desde cero y hacerlo crecer.

“Prefiero equivocarme después de haber tomado una decisión valiente que pasarme la vida preguntándome qué habría ocurrido si no lo hubiera intentado”.

Tu trabajo consiste en ayudar a tomar decisiones importantes. ¿Eres igual de racional cuando las decisiones afectan a tu propia vida?

No siempre.

Con los clientes es más fácil porque la distancia ayuda a analizar las cosas con serenidad. Cuando las decisiones son propias, también aparecen las emociones.

Lo que sí intento es no dejar que el miedo decida por mí. Prefiero equivocarme después de haber tomado una decisión valiente que pasarme la vida preguntándome qué habría ocurrido si no lo hubiera intentado.

Después de desarrollar parte de tu carrera en una gran firma decidiste crear tu propio despacho. ¿Qué tuvo más peso en esa decisión: la ambición, la libertad, la intuición…?

La libertad.

Aunque la realidad es que la vida no siempre te pone las decisiones tan ordenadas. Hubo circunstancias que precipitaron aquel cambio, pero, visto con perspectiva, hoy creo que fue una de las mejores cosas que me han pasado profesionalmente. Me obligó a construir exactamente el despacho en el que creía y a ejercer la profesión de la manera en la que siempre había querido hacerlo.

Hoy asesoráis a compañías nacionales e internacionales en operaciones de gran complejidad. ¿Qué crees que buscan realmente los empresarios cuando llaman a una abogada? ¿Seguridad jurídica, alguien en quien confiar?

El conocimiento jurídico es el punto de partida.

Lo que preocupa a un empresario rara vez es solo un problema legal. Detrás suele haber patrimonio, personas, decisiones estratégicas, reputación o muchos años de trabajo.

Por eso creo que buscan algo más difícil de encontrar: alguien que entienda qué está realmente en juego, que sea capaz de decirles lo que necesitan escuchar, aunque no siempre sea lo más cómodo, y que les ayude a decidir con criterio cuando no existe una respuesta perfecta.

Has dicho que lo importante es entender el negocio del cliente y construir relaciones a largo plazo. ¿Qué significa para ti liderar un despacho en 2026?

Liderar un despacho significa tomar muchas decisiones que nadie ve.

Decidir qué asuntos aceptas y cuáles no. Qué comportamientos premias. Qué nivel de exigencia consideras innegociable. Qué tipo de profesionales quieres formar y qué relación quieres construir tanto con los clientes como con quienes forman parte del despacho. Al final, un despacho no se define por lo que dice de sí mismo. Se define por las decisiones que toma cada día.

Mi mayor responsabilidad es conseguir que nuestra manera de trabajar deje de depender de mí y pase a formar parte de la identidad de URA. Que, dentro de muchos años, cualquier persona que entre en el despacho, como cliente o como profesional, siga reconociendo la misma implicación, el mismo rigor y la misma forma de entender esta profesión.

“No todos los días memorables terminan con una victoria”. 

El éxito suele medirse por los resultados, pero… ¿cómo lo mides tú cuando termina un día de trabajo?

Me hago una pregunta muy sencilla: ¿he aportado valor de verdad hoy?

A veces significa cerrar una gran operación. Otras, evitar que un cliente cometa un error que nadie más había advertido. Y, en ocasiones, consiste en dedicar una hora más a una persona del equipo porque sabes que esa conversación puede marcar una diferencia.

Con los años he aprendido que no todos los días memorables terminan con una victoria. Muchos acaban simplemente con la tranquilidad de haber hecho lo correcto.

Has sido reconocida recientemente por directorios internacionales de referencia. ¿Se disfruta más un reconocimiento profesional o la llamada de un cliente que te dice «gracias, lo hemos conseguido»?

Son reconocimientos distintos.

Los directorios internacionales son importantes porque valoran una trayectoria, reflejan el trabajo de todo un equipo y contribuyen a que el despacho pueda competir en entornos cada vez más exigentes. Los recibo con gratitud y con un profundo sentido de responsabilidad.

Pero la llamada de un cliente tiene una dimensión más personal. Saber que has estado a la altura en un momento importante, que has comprendido lo que necesitaba y que el trabajo ha merecido su confianza produce una satisfacción difícil de comparar.

Los directorios reconocen una trayectoria. Los clientes dan sentido al trabajo cotidiano.

Durante muchos años los grandes despachos fueron territorios mayoritariamente masculinos. ¿Crees que realmente hemos avanzado o todavía queda camino por recorrer?

Hemos avanzado muchísimo y sería injusto no reconocerlo.

Hoy vemos a muchas mujeres liderando grandes empresas, operaciones y despachos. Sin embargo, todavía queda un reto importante. Mientras la conciliación y los cuidados sigan considerándose principalmente una responsabilidad femenina, continuaremos perdiendo una parte muy valiosa del talento. La corresponsabilidad no es solo una cuestión familiar o social. También es una cuestión de competitividad para las empresas.

Ojalá llegue el día en que dejemos de hablar de liderazgo femenino y podamos hablar simplemente de buen liderazgo.

¿Cómo desconecta una persona que vive tomando decisiones complejas durante todo el día?

Viajando.

Me gusta la aventura, la naturaleza y descubrir lugares, culturas y formas de vida muy distintas de la nuestra.

Disfruto casi tanto diseñando los viajes como viviéndolos. Invierto mucho tiempo en estudiar las rutas, imaginar cada etapa y buscar experiencias que nos permitan conocer realmente el lugar. Esa preparación ya despierta en mí la ilusión de lo que está por venir.

Viajar me obliga a estar presente. Lo desconocido despierta una mezcla de curiosidad, emoción y asombro que me resulta difícil encontrar en la rutina. Me gusta esa sensación de no saber exactamente qué habrá detrás de la siguiente etapa, de sentir que el mundo vuelve a ser inmenso y que todavía queda mucho por descubrir.

Durante esos días dejo de pensar en reuniones, operaciones o problemas. Cambia mi manera de mirar, recupero la capacidad de sorprenderme y vuelvo con una energía distinta.

¿Hay algún hábito que intentes respetar pase lo que pase y que te ayude a mantener el equilibrio?

Intento que el tiempo que no dedico al despacho pertenezca de verdad a mi familia.

Valoro especialmente los almuerzos entre semana con mi pareja, las películas de los viernes con mis hijos y los fines de semana en los que podemos cambiar de entorno y desconectar.

También intento hacer deporte, aunque reconozco que últimamente he perdido algo de constancia.

Durante mucho tiempo pensé que el equilibrio consistía en trabajar menos o en repartir mejor las horas. Con los años he entendido que, para mí, nace sobre todo del autoconocimiento y de la coherencia entre lo que siento, lo que digo y lo que hago. Puedo trabajar mucho y sentirme en equilibrio porque disfruto profundamente de mi profesión y porque he construido una vida acorde con mi manera de ser. Hasta que no entendí que esa intensidad también formaba parte de mi esencia, no conseguí sentirme verdaderamente en paz con la vida que había elegido.

Vivimos en un mundo que premia la rapidez, pero el Derecho exige reflexión. ¿Crees que todavía hay espacio para hacer las cosas despacio y hacerlas bien?

No solo hay espacio; creo que cada vez será más valioso.

La inteligencia artificial hará que muchas respuestas sean inmediatas y que una parte importante del trabajo pueda realizarse con mayor rapidez. Pero, cuando una empresa tiene que tomar una decisión compleja, no necesita simplemente la respuesta más rápida. Necesita comprender las consecuencias, valorar los riesgos y contar con alguien que aporte criterio.

La tecnología puede acelerar las respuestas. El juicio profesional, la responsabilidad y la capacidad de comprender lo que realmente importa siguen dependiendo de las personas.

Estamos de celebración, URA Urquiza Abogados cumple este año su décimo aniversario. ¿Qué balance haces de estos diez años? Si dentro de otros diez alguien escribiera un titular sobre Sonia Urquiza, ¿qué te gustaría que dijera?

Han sido diez años intensos.

Hemos crecido mucho más de lo que imaginaba, hemos aprendido de nuestros errores, hemos superado momentos difíciles y hemos tenido el privilegio de acompañar a empresas extraordinarias en decisiones muy importantes. Pero, de lo que más orgullosa me siento, no es de los reconocimientos ni de las cifras. Es de haber construido un despacho con una cultura muy definida, formado por personas que comparten una determinada manera de trabajar y de relacionarse con los clientes.

Me gustaría que, dentro de diez años, URA siguiera siendo reconocible por su implicación, su rigor y su forma de ayudar a las empresas a tomar decisiones importantes. Que los clientes continuarán sintiendo que sus asuntos se tratan como verdaderamente importantes y que las personas que han pasado por el despacho mirarán atrás con orgullo, sabiendo que aquí crecieron como profesionales y aprendieron algo que las acompañará durante toda su carrera.

Y, si tuviera que elegir un titular sobre mí, me gustaría que dijera algo muy sencillo: “Sonia construyó un despacho fiel a sus principios y dejó un proyecto capaz de trascenderla”.

Paola Bonilla
Fotografía: Francisco Fernández