Pedro Juan ha convertido sus raíces, la artesanía y una mirada profundamente personal en el lenguaje con el que construye su universo creativo. Nacido en Caracas y vinculado desde sus orígenes familiares a La Palma, el diseñador ha encontrado en la isla una fuente de inspiración que sigue presente en su trabajo, incluso desde Madrid. Su apuesta por reinterpretar la tradición desde una perspectiva contemporánea le ha llevado a presentar sus creaciones en escenarios internacionales como Italia, sin perder de vista aquello que define su identidad.
Para empezar, ¿quién es Pedro Juan cuando está lejos de los focos, las pasarelas y el diseño?
Pedro Juan es una persona bastante peculiar (ríe). Tengo TDAH y creo que eso también ha hecho que mi manera de percibir el mundo sea muy personal. Me fijo muchísimo en cosas que quizá para otras personas pasan desapercibidas, y muchas veces encuentro inspiración precisamente en esos pequeños detalles.
Cuando estoy lejos de los focos soy mucho más sencillo de lo que quizá pueda parecer desde fuera. Soy muy observador, muy curioso y tengo una forma bastante particular de interpretar lo que me rodea. Supongo que esa manera diferente de mirar el mundo termina inevitablemente reflejándose en mi trabajo.
Al final, creo que el diseñador que soy no está separado de la persona que soy. Mi forma de sentir, de observar y hasta de vivir las cosas acaba apareciendo en cada colección, aunque muchas veces ni siquiera lo haga de una manera consciente.
Tu trayectoria está muy vinculada a La Palma. ¿Qué ha significado crecer y desarrollar parte de tu identidad creativa desde una isla como esta?
La Palma me abrió las puertas a ser quien soy, y eso tiene mucho que ver también con mis propias raíces. Aunque nací en Caracas, mis raíces maternas son profundamente palmeras: toda mi familia materna es de la isla. Crecí, por tanto, con La Palma no solo como un lugar, sino como parte de mi historia familiar, de mis recuerdos y de mi manera de entender de dónde vengo.
Con el tiempo, la isla fue adquiriendo también un significado propio dentro de mi identidad. Allí encontré una forma de mirar, de observar y de relacionarme con la belleza que creo que, inevitablemente, ha terminado trasladándose a mi manera de crear.
Después llegaron Madrid, los estudios, la experiencia profesional y todas las oportunidades que me ha dado mi carrera. Pero hay algo que no cambia: la raíz permanece. Puedes vivir lejos, evolucionar, viajar y descubrir otros mundos, pero hay lugares que forman parte de ti de una manera que no necesitas explicar.
La Palma es eso para mí. Es mi raíz palmera, es familia, es memoria y es una parte esencial de quien soy. Por eso, aunque hoy viva en Madrid, la llevo siempre en el corazón.
La artesanía ocupa un lugar fundamental en tu trabajo. ¿Cuándo descubriste que podía convertirse en una parte tan importante de tu lenguaje como diseñador?
Creo que la artesanía no la descubrí realmente; la viví desde niño.
En La Palma la artesanía forma parte de la cultura y de la vida de una manera muy especial, y yo tuve la suerte de crecer viéndola muy de cerca. Recuerdo a mi madre, a mis tías maternas y también a mis tías paternas haciendo artesanía, bordando, cosiendo… Ver sus manos trabajando, su paciencia y el cariño que ponían en cada
pieza son recuerdos que tengo muy arraigados.
De pequeño no podía imaginar que todo aquello algún día formaría parte de mi lenguaje como diseñador. Para mí simplemente era mi casa, mi familia, mi infancia. Pero con los años me he dado cuenta de que muchas de las cosas que hoy busco transmitir a través de una prenda ya estaban allí, delante de mí.
La artesanía me enseñó, sin que yo lo supiera, que detrás de una pieza hay tiempo, dedicación, emoción y, sobre todo, una historia. Y cuando hoy trabajo con técnicas artesanales siento que, de alguna manera, estoy conectando con ellas y también con
mi familia.
Por eso para mí la artesanía tiene un componente profundamente emocional. No es solo una técnica ni un recurso estético. Es memoria. Es familia. Son las manos de las mujeres que vi crear cuando era niño y que, sin saberlo, dejaron una huella muy profunda en el diseñador que soy hoy.

Tu trabajo combina tradición y una visión claramente contemporánea. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre respetar las técnicas artesanales y llevarlas hacia nuevos códigos?
Creo que ese equilibrio nace, en gran parte, de mi amor por el arte y por la historia de la moda. Siempre me han fascinado las piezas únicas, aquello que tiene una historia, una técnica y una identidad detrás. Pero al mismo tiempo siento la necesidad de llevar todo eso a mi propio tiempo y a mi propia manera de entender la moda.
Para mí, respetar una técnica artesanal no significa necesariamente reproducirla tal y como se ha hecho siempre. Significa conocerla, entender su valor y después atreverse a reinterpretarla desde una mirada personal y contemporánea.
Me gusta pensar que la tradición no tiene por qué quedarse en el pasado. Puede evolucionar, dialogar con nuevas formas, nuevos materiales y nuevas siluetas sin perder aquello que la hace especial.
Al final, creo que ahí está precisamente el futuro de la moda: en mirar hacia atrás para recuperar lo que tiene valor, pero tener la libertad y la creatividad para llevarlo hacia
delante. Crear algo nuevo sin olvidar de dónde viene.
Después de años de trayectoria, ¿sientes que has encontrado ya una identidad creativa propia o crees que un diseñador está en constante transformación?
Creo que he encontrado un lenguaje personal, pero también creo que ese lenguaje lo
voy ampliando cada vez más. Para mí, tener una identidad no significa quedarse en un lugar, sino tener una esencia desde la que poder evolucionar.
La identidad es algo que no todo el mundo consigue encontrar. Puedes tener técnica, formación, talento o incluso buenas ideas, pero cuando consigues desarrollar una mirada que hace que alguien vea una pieza y pueda reconocer que es tuya, ahí empieza realmente a construirse un nombre.
Creo que ese es uno de los grandes secretos de la moda: encontrar quién eres y tener la valentía de mantenerlo, pero sin dejar de transformarte.
Yo todavía tengo muchísimo por descubrir y por experimentar, pero siento que ya sé desde dónde quiero hacerlo. Y eso, para mí, es una de las cosas más importantes que he conseguido a lo largo de mi trayectoria.
En un momento en el que las tendencias cambian constantemente, ¿qué lugar ocupa para ti la atemporalidad? ¿Buscas crear piezas que puedan trascender una temporada concreta?
Absolutamente. Mis prendas no siguen modas específicas ni tendencias pasajeras, y creo que precisamente por eso he conseguido construir una identidad.
Me interesa mucho más crear piezas que tengan una personalidad propia, que puedan seguir emocionando y teniendo sentido con el paso del tiempo. Una prenda no debería perder su valor porque haya cambiado la temporada o porque una determinada tendencia haya dejado de estar de moda.
Para mí, la atemporalidad tiene mucho que ver con la identidad. Cuando una pieza tiene un lenguaje propio, deja de pertenecer exclusivamente a un momento concreto y empieza a formar parte de la historia de quien la lleva.
Creo que la verdadera moda no es necesariamente la que consigue que todos quieran llevar algo hoy, sino la que consigue que alguien quiera conservarlo, volver a ponérselo y seguir sintiendo algo por esa pieza muchos años después.



Recientemente has llevado tu trabajo hasta Italia, participando en la Mediterranean Fashion Week. ¿Qué ha supuesto para ti presentar tu propuesta en un escenario internacional como este?
Italia es uno de mis países favoritos y, probablemente, uno de los que más he visitado a lo largo de mi vida. Su arte, su historia y su manera de entender la belleza me han inspirado muchísimo y, de hecho, han sido el punto de partida de varias de mis colecciones.
A lo largo de mi trayectoria también he tenido la oportunidad de vivir otras experiencias internacionales, que me han permitido llevar mi trabajo fuera de España, conocer otras formas de entender la moda y comprobar cómo puede dialogar mi propuesta con públicos y culturas diferentes.
Por eso, poder presentar mi trabajo en Italia tuvo para mí un significado muy especial. No sentía que simplemente estaba presentando una colección en otro país, sino que estaba llevando parte de mi propio lenguaje creativo a un lugar que ha alimentado mi imaginación durante muchos años.
También es muy emocionante comprobar que una identidad que has construido desde tus propias raíces, desde La Palma y desde tu manera personal de entender la moda, puede viajar y encontrar su espacio en escenarios internacionales.
La Mediterranean Fashion Week fue, en ese sentido, una experiencia muy importante para mí. Me permitió seguir ampliando ese camino internacional, compartir mi visión con nuevas personas y confirmar algo en lo que creo mucho: cuando una propuesta tiene una identidad propia, no necesita pertenecer a un lugar concreto. Puede viajar, dialogar con otras culturas y seguir siendo reconocible.
Para esta presentación, la moda dialogó también con otras disciplinas, como la música y la joyería. ¿Te interesa entender una colección como algo que va más allá de las prendas?
Totalmente. Para mí, poder crear sinergias con distintos profesionales y disciplinas es una de las partes más enriquecedoras de hacer una colección. En este desfile tuve la oportunidad de trabajar con profesionales como X-Machine, RoCamacho o BanBags, y es algo que suelo hacer habitualmente. Me gusta rodearme de personas que aporten su propia mirada y que hagan crecer el universo que estoy creando.
Creo que una colección no termina en una prenda. La música, la joyería, los accesorios, la imagen o la puesta en escena pueden aportar nuevas dimensiones y hacer que el público no solamente vea una propuesta, sino que la sienta.
En este caso, además, el proyecto musical/colecciones está planteado en tres capítulos y busca precisamente expandir ese universo hacia algo más sensorial. No se trata únicamente de acompañar la ropa con música, sino de crear un sentimiento, una atmósfera que conecte con algo más profundo, con el alma.
Al final, eso es lo que más me interesa de la moda: que pueda convertirse en una experiencia y provocar emociones que vayan mucho más allá de lo que estamos viendo.


Más allá de la moda, ¿qué disciplinas, experiencias o aspectos de tu vida alimentan tu creatividad y terminan influyendo en lo que haces?
Antes de estudiar moda estudié Audiovisuales, y creo que esa etapa ha influido muchísimo en mi manera de crear. El cine y el arte siempre han sido dos grandes fuentes de inspiración para mí, porque me interesa mucho la capacidad que tienen de contar historias, crear atmósferas y transmitir emociones.
Quizá por eso, cuando pienso en una colección, no pienso únicamente en prendas. Muchas veces la imagino como una escena, una historia o incluso una película: pienso en la imagen, en la luz, en la música, en los personajes y en lo que quiero hacer sentir.
También me inspiran mucho la historia, los viajes y, en general, todo aquello que me permite observar el mundo desde una perspectiva diferente. Creo que mi creatividad se alimenta precisamente de esa mezcla de disciplinas y de mi manera personal de
percibir lo que me rodea.
Pero, al final, la moda es mi primer lenguaje para expresarme. Todo lo demás —el cine, el arte, la música, la historia o mis experiencias— alimenta ese lenguaje y me ayuda a hacerlo cada vez más personal.
Cuando empieza a construir una nueva colección, ¿por dónde suele comenzar todo: una imagen, una emoción, una historia, una persona…?
Diría que varía según la colección. A veces puede surgir de una imagen, otras de una emoción, de una persona, de un momento o incluso de algo que simplemente despierta mi curiosidad.
No tengo una fórmula concreta para empezar a crear. Creo que parte de mi proceso consiste precisamente en dejarme llevar por aquello que en ese momento consigue despertar algo en mí.
Pero, independientemente de dónde nazca, al final todo acaba convirtiéndose en una historia completa, con una narrativa y un sentimiento. Me gusta que cada elemento tenga un porqué y que, cuando la colección termina de construirse, exista un universo detrás de las prendas.
Para mí, diseñar es precisamente eso: transformar una idea o una emoción en algo que puedas ver, tocar y, sobre todo, sentir.

Mirando hacia atrás, ¿hay algún momento, colección o proyecto que consideres un punto de inflexión en tu carrera?
Sin duda, mi desfile Renaissance en La Palma fue un punto de inflexión para mí.
Fue muy especial porque conseguí crear y plasmar una idea que durante mucho tiempo había estado en mi cabeza y convertirla en una realidad. Pero, sobre todo, no fue un proyecto que hiciera solo. El apoyo que recibí y la posibilidad de trabajar junto a artesanos hicieron que aquella experiencia tuviera un significado todavía más profundo.
Renaissance fue también una manera de reunir muchas de las cosas que forman parte de mi identidad: mi manera de entender la moda, mi amor por la artesanía, mis raíces y esa necesidad que tengo de contar historias a través de lo que hago.
Ver todo aquello materializarse en La Palma, rodeado de personas que creyeron en el proyecto y que aportaron su talento para hacerlo realidad, fue algo que nunca voy a olvidar.
Creo que ahí entendí de verdad que una idea puede convertirse en algo mucho más grande cuando consigues compartirla y hacer que otras personas también crean en ella.
Y mirando hacia delante, ¿hacia dónde te gustaría llevar la firma Pedro Juan en los próximos años? ¿Qué retos o territorios creativos te quedan todavía por explorar?
¿Sabes? Nunca me he impuesto otra cosa que expresarme a través de la moda. Durante mucho tiempo quizá sí pensaba en metas concretas: quiero desfilar aquí, quiero llegar allí, quiero conseguir esto o aquello. Pero con el tiempo dejé de ponerme
esas metas.
Y curiosamente, cuando dejé de perseguirlas, las cosas no han parado de llegar solas.
Ahora mismo no siento la necesidad de marcarme un lugar concreto al que tenga que llegar. Quiero seguir creando, seguir explorando mi lenguaje y seguir contando historias a través de la moda. Y en este momento, mi nuevo trabajo al frente de Innupcial Atelier supone también una etapa muy ilusionante, una oportunidad para seguir creciendo y para explorar nuevas posibilidades dentro del universo nupcial.
Creo que todo lo que voy viviendo profesionalmente termina alimentando de alguna manera mi visión como diseñador. No veo estas experiencias como caminos separados, sino como piezas que van construyendo una trayectoria cada vez más amplia.
Por supuesto, tengo sueños y me quedan muchísimos territorios por explorar, pero prefiero no ponerles límites. Quiero que la firma Pedro Juan siga creciendo de una manera natural, que conserve su identidad y que me permita seguir sorprendiéndome a mí mismo.
Si algo he aprendido durante estos años es que cuando haces las cosas desde un lugar auténtico, las oportunidades aparecen de maneras que muchas veces ni siquiera habías imaginado.
Al final, mi mayor meta sigue siendo la misma que cuando empecé: poder expresarme a través de la moda y conseguir que aquello que nace de mí también llegue a emocionar a los demás.
Adriana Álvarez


























