A menudo tienes toda la ilusión del mundo por emprender, por iniciar tu propio negocio y lanzarte al mundo de la aventura empresarial y, sin embargo, te sientes abrumado porque tu cabeza se parece más a una jaula de grillos que a un atardecer en calma. Tienes muchas ideas y todas rebotan en tu mente como pelotas de ping pong sin que nadie las dirija, chocando incluso unas con otras produciendo un caos difícil de controlar, difícil de guiar.

¿Cómo hacer para que todas esas ideas se conviertan en una idea productiva? ¿Es posible utilizar la fuerza que genera el choque de ideas para hacerla trabajar a tu favor? La respuesta es SÍ.

Si estás dispuesto a dormir poco y a trabajar duro, a no abandonar cuando se presente el primer obstáculo, te animo a que emprendas tu propio camino, eso sí, armado con un buen plan de actuación y mucha paciencia porque el camino del emprendedor no es fácil. ¡Y sin embargo es tan apasionante!

¿Preparado? Te propongo que respondas a una serie de preguntas. Si además escribes las respuestas mucho mejor. No te fijes en el estilo de la redacción, simplemente escribe.

Qué / Por qué: Esta es la pregunta más difícil de contestar y donde generalmente cuesta más encontrar una definición concreta, así que trata de describir con el más mínimo detalle en qué consiste tu idea de negocio. Una idea es etérea, intangible, complicada de atrapar. Tu trabajo reside en ponerle un título a esa idea para poder después describirla con máxima precisión. Aprovecha y analiza las debilidades de tu idea, así como las fortalezas de la misma. No te cortes, escribe sin parar que ya tendrás tiempo de revisar. Este no es el momento para ponerte trampas a ti mismo.

Aprovecha y bucea profundamente en el porqué. El porqué se convertirá en tu motivación, en el oxígeno que buscarás en los momentos difíciles, en tu mantra. Es demasiado importante como para pasar por su lado sin prestarle la atención que merece. Sin un porqué en tu proyecto no conseguirás emocionar y sin emoción no conectas.

Para quién: Define aquí quién es tu público objetivo. No es lo mismo dirigirte a empresas que al cliente final, a niños que adultos, a deportistas que a “sillón-ballers”.

Imagina a tu cliente ideal, ponle un nombre y empieza una conversación con él: pregúntale qué quiere, qué necesidad puedes atender. Con mi producto o servicio, ¿voy a satisfacer una carencia? ¿Mejoraré en algo a mi cliente? ¿Le ayudaré en algo que quiere conseguir?

Si tu cliente final es una empresa piensa en a qué tipo de empresa le beneficiaría comprar tu producto o servicio, ¿te diriges a un único departamento o a la empresa en general? ¿Tu idea sirve para mejorar procesos productivos u organizativos?

La clave es escuchar, escuchar a ese cliente maravilloso que tienes virtualmente sentado frente a ti y que demanda soluciones, nuevas ideas.

Aprovecha y haz también un análisis de tu competencia buscando si ya existe el producto o servicio que quieres ofrecer.

Cómo: Ahora que ya tienes definida la idea y has identificado a tu cliente ideal, te toca seguir con el modelo del negocio fijándote en la legislación que te afecta, qué permisos o certificaciones necesitas o cualquier otro trámite. El Banco Mundial elabora anualmente un ranking mundial, el Doing Business, que analiza la facilidad para hacer negocios en 190 países del mundo y España se encuentra en el puesto 30. Aunque esto pudiera parecer ventajoso, lo cierto es que vas a tener que lidiar con papeleo, permisos, legislación y un buen número de exigencias administrativas.

En base a mi experiencia, ésta es la parte que más aburre y menos gusta al emprendedor. Mantén la calma ya que afortunadamente contamos con organizaciones que te pueden echar una buena mano a la hora de iniciar tu negocio

Cuánto: ¿Cuántas personas necesitarás para llevar a cabo tu proyecto? ¿Cuánto dinero necesitarás invertir?

Debes tener claro tus recursos. Por un lado los recursos económicos y técnicos que necesitas para comenzar. ¿Es viable tu idea? ¿Tienes claro en qué vas a invertir para desarrollarla? ¿Necesitas financiación ajena? ¿En cuánto tiempo prevés que recuperarás tu inversión? ¿Inviertes solo o tienes más socios?

Por otro lado, necesitarás recursos humanos: sé honesto contigo mismo y reconoce que no eres especialista en todo. Puede que necesites a alguien que te ayude con la informática, con el plan de viabilidad, que cree tu marca o que te acompañe en negociaciones con bancos o proveedores, así pues crea tu propio equipo con el que quieras contar.

Cuándo y dónde: Si estás pensando en una tienda física, el momento es importante. A lo mejor querrás aprovechar la época navideña para tu apertura o preferirás otro día señalado como el black friday; quizás prefieras abrir en un mes determinado porque te diriges a un público extranjero y necesitas prospectar el mercado con antelación. ¿Existe algún día o temporada en especial que quieras destacar dentro de tu negocio?

Con dónde me refiero tanto a la ubicación física como al mundo on/off line, ubicación, posicionamiento, orientación …

Como ves, este artículo está lleno de interrogantes. Y es que el inicio de todo, el motor que lleva a la acción, sucede gracias al poder de las preguntas.

“Mi mayor fortaleza como consultor es ser ignorante y hacer preguntas”

Peter Drucker
Marta De León