Hay artistas que no dan conciertos, sino verdaderas ceremonias. Y Steve Aoki es uno de ellos. El DJ californiano aterrizó en Lava Live Fest para ofrecer un espectáculo a la altura de los grandes festivales del mundo, dejando claro por qué sigue siendo uno de los nombres más magnéticos de la escena electrónica internacional.

Con una puesta en escena que rozó lo hipnótico —entre visuales psicodélicos, luces desbordantes y un ritmo que no dio tregua—, Aoki llevó al público al éxtasis musical. Y lo hizo con todos sus ingredientes característicos: energía arrolladora, referencias a éxitos españoles como su remix del ya mítico “Quédate” de Quevedo, camisetas volando por los aires (incluida la suya), botellas de champán abiertas con euforia… y, cómo no, ¡20 tartas lanzadas al público!

Sí, la tradición se mantuvo. Las icónicas tartas de Aoki fueron especialmente elaboradas para la ocasión por la pastelería lanzaroteña Adelia Canarias, y terminaron empapando de nata —y felicidad— a los fans que llevaban pancartas con el ya clásico “Cake Me”.

Rels B: flow, emoción y conexión con el público

La tarde arrancó con otro de los nombres grandes del cartel: Rels B. El artista mallorquín, con un show cuidado hasta el mínimo detalle, hizo vibrar al público desde el primer beat. Su entrada en escena —bajando desde el interior de un cilindro que funcionaba como pantalla y plataforma— marcó el tono de un directo envolvente, íntimo y lleno de carisma.

Temas como “La última canción”, “A mí” o “Cómo dormiste” se corearon a todo pulmón entre gritos, luces de móviles y emoción compartida. Rels B no solo brilló por su música, sino por el vínculo cercano que supo generar con sus seguidores, recordando sus raíces isleñas y lanzando un mensaje claro: “sin público no hay show”.

Una noche para todos los gustos

El viernes fue solo uno de los días inolvidables de Lava Live Fest. El público también disfrutó de los ritmos bailables de Luck Ra, con sus cumbias contagiosas que llenaron el recinto desde las cinco y media de la tarde, y del reguetón de corte clásico con sello internacional del puertorriqueño Justin Quiles.

El festival cerró con una jornada épica: Estopa como plato fuerte, y los teloneros Kapo y St. Pedro calentando motores. Una noche final solo apta para corazones resistentes.