En la pasada edición de The Game Awards 2025 se presentó un adelanto de la nueva película de Street Fighter, prevista para su estreno en octubre de 2026. Se trata pues de una nueva oportunidad de extrapolar el videojuego homónimo al séptimo arte, tras la cinta protagonizada por Jean-Claude Van Damme, su continuación en anime de 1995 y la precuela Legend of Chun-Li (2009).

Para esta ocasión se pretende simular el mecanismo y funcionamiento del videojuego de lucha, recreando las poses de combate, el disparate de los conflictos callejeros y el espectáculo vivaz de las artes marciales. Escrita por Dalan Musson, la película seguirá a Ryu (Andrew Koji) y Ken (Noah Centineo), los cuales serán reclutados por Chun-Li (Callina Liang) para participar en el World Warrior Tournament. En su elenco se encuentran confirmados nombres como los de Jason Momoa o David Dastmalchian, sin olvidar a la trece veces campeona mundial de taekwondo, Rayna Vallandingham.

Rayna Vallandingham, de ascendencia india y neerlandesa, comenzó su formación en taekwondo con tan solo dos años, por influjo de su abuelo, quien la inculcó en la relevancia de la disciplina y el tesón. Aunque, también fue una forma de conseguir que ganase confianza en sí misma. Ese fue el motivo de que sus padres se decidiesen en inscribirla a taekwondo. En esencia, un planteamiento próximo a la filosofía de Bruce Lee, quien expresó: “El guerrero exitoso es el hombre común, con un enfoque láser”. Así, con seis años, Vallandingham obtuvo su primer cinturón negro, y en 2011 ganó su primer campeonato mundial, asentándose en el ámbito de la competición internacional.

El taekwondo —que etimológicamente significa “el camino del puño y la patada”— se concibe como un deporte de combate cuyo origen se esboza en el periodo del siglo I a. C. al VII d. C. en la historia de Corea. En ese intervalo histórico existieron los Tres Reinos de Corea: Silla, Baekje y Goguryeo. La fuerza militar de Goguryeo elaboró diversas formas de combate, como el kwon bop (una variación del boxeo) y el taekkyon, disciplina de movimientos fluidos y gráciles —con cierta similitud a la capoeira brasileña— aunque con una capacidad explosiva. Por otro lado, se desarrolló el subak, un estilo marcial basado en el uso de las piernas, mientras las manos carecen de armas. La dinastía de Goguryeo llegó a asaltar Silla, momento en el que se puso en contacto el subaken esta región. Posteriormente, la dinastía de Silla unificó los reinos tras la derrota de Baekje en el año 668, y de Goguryeo en el 670. Esto generó una mezcla en las diversas artes marciales, generando nuevas variaciones como el antiguo Hwa rang dode los Hwarang —o guerreros de flor— de Silla. Con la llegada de la dinastía Koryo se sistematizó el uso del taekkyon y el subak a través del Hwa rang do. Aquellos que mostraban una elevada destreza en este arte adquirían un mayor estatus y valoración militar. Sin embargo, con la aparición de las armas de fuego se estancó el progreso de estos sistemas de combate. Igualmente, con la introducción del confucionismo en la dinastía Chosun se generó un predominio por la literatura frente a las artes marciales, hasta que acontecieron las invasiones Imjin de Corea, instante en que el gobierno reactivó su interés por estos sistemas, hasta el punto de que se llegó a ordenar la confección del Muye Dobo Tongji, un manual sobre las artes marciales coreanas. Más adelante, la ocupación colonial japonesa de comienzos del siglo XX suprimió cualquier arte marcial. Las enseñanzas se transmitieron secretamente hasta la liberación del país al final de la Segunda Guerra Mundial. Cuando Corea fue liberada, los ciudadanos volvieron a interesarse por ellas.

La consolidación como tal del taekwondo contemporáneo se debe al general surcoreano Choi Hong Hi en 1955, a raíz de un conjunto de iniciativas destinadas a crear un deporte. En el caso del taekwondo, el taekkyones la esencia de su desarrollo, junto con la influencia del karate japonés. Así pues, el taekwondo se concibe como un arte marcial que logra armonizar a quien lo practica, a través de una variedad de técnicas que buscan potenciar física y mentalmente, desde la aplicación de patadas a diferentes alturas o con giro, hasta ataques con puño o mano abierta.

A su vez, el taekwondo se cimenta sobre un código de ética vinculado a cinco valores: cortesía (Ye Ui), integridad (Yom Chi), perseverancia (In Nae), autocontrol (Guk Gi) y espíritu indomable (Baekjul Boolgool).

Estos conceptos los ha tenido que ir aprendiendo y asimilando Rayna Vallandingham a lo largo de los años. Desde su gestión del miedo y la vergüenza en la niñez hasta valorar la constancia, como manifestó en una conversación con el medio InTheKnow: «[…] Han sido las situaciones en las que he sufrido algún tipo de pérdida o fracaso las que realmente me han ayudado a ganar confianza, porque después de esa pérdida o después de que los chicos se burlaran de mí, decidí: “¿Sabéis qué? No, voy a perseverar. Y voy a seguir adelante con esto”».

IG: Rayna Vallandingham

Pero no solo ha quedado trece veces campeona mundial de taekwondo, ya que también ha desarrollado una pronta carrera como actriz vinculada al arte marcial, con obras como Underdog Kids (2015) o el cortometraje Pawns (2021), y más recientemente participó en la última temporada de la serie Cobra Kai —secuela del Karate Kid de Robert Mark Kamen— encarnando a la antagonista Zara Malik. Ahora, solo queda esperar cómo será la actuación de Vallandingham en la próxima cinta de Street Fighter.

Lo que sí es seguro es la simbiosis entre ella y el taekwondo, y el propósito marcado de inspirar a jóvenes a romper con sus miedos, pues como ha podido confesar: «Para mí, el taekwondo no es solo un deporte o un arte estéticamente agradable; es un sentimiento. Es mi refugio seguro, un lugar al que puedo acudir cuando me siento perdida para poder volver a encontrarme. Me siento muy afortunada por tener ese sentido inquebrantable de mí misma en mi vida, especialmente como una joven en Los Ángeles».

José Montejano