Se han escrito numerosos reportajes sobre la vida del francés Philippe Petit. La historia del famoso acróbata el cual un día decidió que caminar entre Las Torres Gemelas con solo un alambre como base era buena idea. Corrían los años 70 cuando todos los neoyorquinos expectantes veían el proceso de construcción del complejo de edificios del World Trade Center, el Centro Mundial de Comercio, en el bajo Manhattan. Dos torres idénticas se levantaban a 417 metros de altura (2 metros menos la torre sur) batiendo en aquel momento el récord de altura de un edificio. Dos torres sobrias que los mismos neoyorquinos describían como dos container hasta aquella mañana de agosto en la que empezaron a mirarlas de otra forma. El día 7 del mismo mes en el año 1974 la vida de Philippe Petit cambió cuando una mujer salía del metro de Manhattan para presenciar cómo un funambilista de 24 años sobrevolaba Las Torres Gemelas.

Solo 45 minutos más tarde el joven acróbata ya había cruzado el cable del alambre desde la torre sur a la norte y viceversa en ocho ocasiones con la simple ayuda de una pértiga. Convirtiéndose así en el hombre con más expectación del mundo durante su espectáculo. Todo el mundo estaba pendiente a los movimientos del francés que se había obsesionado con este momento incluso antes de que se construyeran las dos torres.

Durante el acto, que hizo de forma ilegal y que fue detenido a su salida sin ningún cargo por la ovación de Nueva York, Petit se tomó su tiempo para hacer una reverencia a su público, saludar a una gaviota o acostarse tranquilamente tras el encuentro. Como él mismo se define; Petit es un hombre testarudo y no para hasta que consigue lo que se propone. Tras este reconocido acontecimiento se convirtió en el acróbata más conocido en Estados Unidos pero esto no le impidió seguir haciendo de forma humilde su vida y sus acrobacias.

“Observé al ‘bailarín’ —porque no podías llamarlo ‘paseante’— aproximadamente a medio camino entre las dos torres. Y cuando nos vio, sonrió y comenzó a reír, iniciando una danza sobre el cable… y cuando llegó al edificio le pedimos que bajara de la cuerda, pero en lugar de eso se dio la vuelta y corrió de nuevo a la mitad… se balanceaba arriba y abajo. Sus pies realmente perdían contacto con el cable y volvían a colocarse de nuevo sobre éste… realmente increíble… Todos estábamos hechizados viéndolo”. – Sargento Charles Daniels.

Otros logros de Philippe Petit

Fue un niño bastante inquieto en la escuela, los mismos profesores le conocían por no concentrarse y despistarse muy rápido. A la edad de 6 años ya empezó a jugar con las cartas a hacer trucos y con 13 años ya era malabarista.

Philippe Petit se ganaba la vida en las calles de París haciendo malabares hasta que con 18 años vio en un periódico el anuncio de una construcción sin igual en Nueva York y comenzó su obsesión. Petit mediatizó sus paseos sobre el alambre en numerosos lugares por todo el mundo. En 1968 antes del salto a EEUU, Petit realizó un gran número como funambulista también en la Catedral de Notre Dame. Además de otros famosos números, como atravesar el puente de Sydney sobre un cable. Pero el alma de este artista no se conformaba con poco y comenzó su plan estrella que estaría tramando durante 6 años y nadie pudo pararlo hasta cumplirlo.

“Cuando veo tres naranjas, hago juegos malabares; cuando veo dos torres, las cruzo”. – Philippe Petit

Su paso por la cárcel duró un asalto ya que el juez indició que Petit si ofrecía un espectáculo para niños en el Central Park de Nueva York los cargos por colarse en las torres se retirarían. Días más tarde, realizó un nuevo acto de funambulismo sobre el lago Belveder. Además, se le regaló un pase vitalicio al observatorio del World Trade Center (que se encontraba en la torre sur). Sin fecha de caducidad, pero lamentablemente, 27 años después, la tragedia del 11-S impidió que el artista volviera a pisar sus queridos edificios. El intrépido espectáculo que un día decidió regalar al mundo vivirá eternamente entre las nubes. Petit escribió un ensayo titulado “Alcanzar las nubes” que finalmente se tradujo al inglés e inspiró al director Robert Zemeckis para llevar a los cines la historia del valiente francés bajo el título “En la cuerda floja”.

Actualmente, con 71 años, lleva consigo sus logros que le sirven de excusa para seguir escribiendo libros y realizando charlas. Consiguió lo que jamás nadie ha conseguido, crear un sitio habitable en un lugar inhóspito con ayuda de un cable y la más pura de sus locuras: apostar únicamente su vida para llegar a la vida de todos.

Ivory Samos