A menos de una hora en tren desde Bruselas, capital de Bélgica, se encuentra la ciudad más visitada del país: Brujas. Una pequeña localidad anclada en el medievo que este año está de celebración ya que se cumplen veinte años desde que fuera nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Un merecidísimo título que le fue otorgado por poseer el casco urbano medieval mejor conservado.

En la capital de la región de Flandes Occidental, degustarás uno de los mejores chocolates de Europa, así como su premiada cerveza local. También podrás disfrutar de un paseo por sus calles empedradas en carruaje tirado por caballos y navegar por su tranquila red de canales transitada por cisnes blancos.
Brujas está repleta de tesoros que te invitamos a descubrir y de lugares imprescindibles.

EL PUNTO DE PARTIDA

Cada día, desde el alba hasta la puesta de sol, llegan trenes y guaguas llenos de curiosos a la estación de Brugges (Brujas). Se encuentra a las afueras del centro, a unos 15 minutos caminando de él. Éste será el punto de partida de nuestro viaje que comienza a los pies del Parque Minnewater. Sin duda, uno de los más bonitos y grandes, y en cuyo lago viven la mayoría de los cisnes que custodian la ciudad. A través de sus caminos serpenteantes y de sus puentes de piedra, fluye el canal que rodea toda la ciudad y en el que desembocan todos los demás.

Avanzando por Minnewater, encontraremos el primer tesoro patrimonial:
Begijnhof o el Beaterio. Fundado en 1245 por Margaretha de Constantinopla, condesa de Flandes, es ahora el hogar de una orden de monjas benedictinas. Un complejo tan antiguo como tranquilo y espiritual que se puede visitar durante todo el día.

Si continuamos el recorrido del canal por la calle Mariastraat llegaremos al
Hospital de San Juan reconvertido en un museo. El Sint-Janshospitaal es considerado uno de los edificios hospitalarios europeos más antiguos. Aquí se pueden encontrar instrumentos médicos de la época y una enorme colección de cuadros y esculturas del siglo XII. A continuación, veremos la Iglesia de Nuestra Señora de estilo gótico y construida a base de ladrillos. Esta iglesia posee la torre más alta de la ciudad y en su interior alberga una obra de arte esculpida en mármol blanco por el mismísimo Miguel Ángel: La Madonna de Brujas.

A los pies de la Iglesia, cruzaremos el famoso Puente de Bonifacio, el favorito de los enamorados. Cuenta la leyenda que si vas con tu pareja y os dais un beso en él, el amor durará para siempre. Sin embargo, si al terminar de cruzar el puente miras para atrás, será el fin de vuestra relación. ¡Así que tened cuidado! Paralelamente veremos el Palacio Gruuthuse y el Museo Groeninge dedicado al arte flamenco, que tanta presencia tiene en la historia de la ciudad. Una vez nos hemos empapado de
toda la riqueza cultural que nos ofrecen los primeros must de Brujas toca visitar su centro neurálgico: la Grote Markt.

LA PLAZA MÁS FOTOGRAFIADA

Las casitas de colores al estilo Flanders, el campanario y el sonido de los carruajes tirados por caballos son la estampa más característica de la Grote Markt o la Plaza del Gran Mercado. En ella se encuentran todos los visitantes de Brujas atraídos por su belleza. Repleta de rincones con encanto y bonita desde cualquier perspectiva.

¿La más alta? La que se puede observar desde la torre del campanario Belfort de 83 metros de altura y 365 escalones. Uno por cada día del año. ¿La más barata? La que se puede contemplar desde el Burger King o el Fnac que están situados allí mismo.

La Grote Markt lleva congregando gente desde hace cientos de años, y es que desde el siglo X se celebra cada sábado por la mañana un gran mercado con productos locales que reúne a lugareños y visitantes. Por esta razón, todos los caminos nos llevan hasta ella. ¡Es el corazón de Brujas!

Campanario Belfort

Colindante a la Plaza Mayor, se ubica otra que compite por el título de “La Más Bonita”: la Plaza Burg. Aquí encontraremos el Ayuntamiento con una imponente fachada del siglo XIV, tiendas de souvenirs y un parque donde disfrutar comiéndonos un rico gofre con unas bonitas vistas.

Muy cerca de este lugar, nos toparemos con el principal punto de reunión de visitantes y guías turísticos: el Muelle del Rosario. El encanto de sus edificaciones medievales bordeadas por los canales, le han otorgado el apodo a Brujas de la Venecia del Norte. De ahí que sea idóneo para tomar algo mientras contemplamos uno de los rincones más fotografiados de la ciudad.

Y hablando de comer, ¿sabías que en Brujas tienen museos dedicados al chocolate, las patatas fritas y la cerveza?

MUSEOS PARA EL PALADAR

Si te gusta el chocolate, y el de Bélgica es de los mejores del mundo, te interesará saber que en Brujas hay un museo dedicado a este manjar. Tanto si eres goloso como curioso, el Museo del Chocolate es una parada obligatoria para cualquier paladar y edad, divertido para los niños y tentador para los adultos. A lo largo de tu visita, podrás descubrir su historia, el proceso de elaboración y disfrutar de una rica… ¡degustación gratuita!

¿Sabías que hay más de 50 tiendas de chocolate solo en Brujas? ¡Les encanta! Y para qué mentir… A nosotros también.

Para los que prefieran algo más salado o quieran rebajar sus niveles de azúcar después de tanto gofre y chocolate, existe una atracción turística idónea para ellos: el Museo de las Patatas Fritas. No es ningún secreto que las patatas fritas en un cono de papel es el plato más típico en Bélgica. Mires a donde mires siempre encontrarás un puesto vendiéndolas. Por ello, han creado un museo en el que explican su historia y arraigo en la gastronomía del país, los tipos de patatas que existen, el proceso de su cultivo… ¡Original y divertido, así es!

Después de tanto comer es normal que te apetezca beber algo, ¿y cuál es la bebida más famosa? Sí, exacto, la cerveza. Por lo que, como no podía ser de otro modo, en Brujas disponen de un Museo de la Cerveza. Al igual que los dos anteriores, descubrirás todo lo relacionado con ella y degustarás algunas de las más famosas y galardonadas.

EL PARQUE DE LOS MOLINOS

La pintoresca imagen que crean los molinos en los paisajes de Holanda y Bélgica tampoco faltan en Brujas. Al norte de la ciudad, se encuentra el parque de los Molinos Kruisvest. De los cuatro que alberga, el más interesante es el de Sint Janshuis, del siglo XVIII que se encuentra en su ubicación original, el resto han sido movidos y remodelados. Si quieres visitarlos, todos están abiertos al público por el simbólico precio de 2 euros por persona.

Y con este tranquilo paseo finalizaremos nuestra visita por la ciudad. En principio no necesitarás más de un día para conocerla aunque, si cabe la posibilidad, te recomendamos hacer al menos una noche allí para descubrir su lado más romántico y acogedor en su atardecer y amaneceres.

¡No te querrás marchar! Y es que si algo nos ha quedado claro en nuestro viaje por Brujas es que aunque no existen las hechiceras te sentirás embrujado por su belleza.

Devo López