«Los amigos más cercanos me llaman Montsy». La soprano Montserrat Caballé se dirige a Freddie Mercury durante una entrevista para Televisión Española en mayo de 1987. Se encuentran en Ibiza presentando la canción Barcelona. Freddie pregunta si han empezado ya; le está dando el sol en la cara y quiere cambiarse.

Lo que Montserrat Caballé conocía de Queen lo escuchó por sus hijos. Freddie Mercury, sin embargo, ya sabía de la catalana desde que la vio en la Royal Opera House de Londres con la obra Un ballo in maschera (Giuseppe Verdi). Fue en mayo de 1983, y a esas alturas de la historia, la discografía de estudio de Queen contaba con una decena de títulos hasta llegar a Hot space (EMI, 1982), un álbum experimental salpicado de disco, funky y jazz que se presentó con el single Under pressure, a dúo con David Bowie.

Aparte de Hot space, las influencias de Queen fueron diversas en cuanto a estilos en cada trabajo anterior. En el apartado operístico, es archiconocida Bohemian rhapsody, del álbum A night at the opera (EMI, 1975). «Todo estaba en la cabeza de Freddie antes de que empezáramos», decía Brian May a la BBC. En 1984, el grupo publicaba The works (EMI, 1984), con otra evidencia más de la relación de Freddie Mercury con la ópera. Esto era en It’s a hard life, para cuya introducción el músico se basó en la frase «ridi pagliaccio sul tuo amore infranto», del aria Vesti la giubba, perteneciente a la ópera Pagliacci (Ruggero Leoncavallo). Con algunos de estos antecedentes mencionados, y su inusitada admiración por Luciano Pavarotti, era cuestión de tiempo que se produjera el encuentro con Montserrat Caballé. Éste no se produciría hasta 1987.

El avance

Lo que empezó como una idea, continuó como un rumor que llegó a Montserrat, cuya respuesta a la propuesta fue afirmativa. Para Freddie Mercury era un sueño personal hecho realidad. La primera reunión se fechó en marzo del 87 en el Ritz de Barcelona. La soprano se fijó en lo nervioso que estaba el vocalista de Queen ese día, tanto como ella. Sin embargo, no era aquello mal augurio, sino buena señal: «Cuando dos personas están nerviosas, significa que están esperando algo de la otra», recordaría Caballé. En las madrugadas regadas con champagne en Garden Lodge, Londres, los dos músicos terminarían de darle forma a lo que sería Barcelona (Polydor, 1988).

Freddie había tocado algunas canciones al piano como demostración para su compañera, entre ellas, Ensueño y Exercises in free love, que se quedaría como cara B y su melodía se reutilizaría para la versión final de Ensueño. La producción corría a cargo de Michael Moran: «Las primeras demos vocales databan de la primera mitad del 87. Freddie (en falsete) cantó todas las voces de guía en las demos para darle a Montserrat una idea del fraseo que teníamos en mente para los dúos», cuenta a The Pocket Magazine. «Nunca fue un intento de imitarla, sino algo para darle una mejor idea de la estructura general de las canciones», añade Moran.

«Las primeras demos vocales databan de la primera mitad del 87. Freddie (en falsete) cantó todas las voces de guía en las demos para darle a Montserrat una idea del fraseo que teníamos en mente para los dúos»

Debido a sus giras, Montserrat Caballé no siempre podía encontrar un «lugar conveniente» para escuchar las demos que Freddie le mandaba. El productor recuerda que siempre le enviaba una parte escrita para que la estudiara junto con la demo. «La versión final se refinaba en el estudio cuando Montserrat entraba a grabar».

Un barítono que cantaba como un tenor

El 26 de octubre de 1988 se ponía a la venta Barcelona, un álbum de ocho cortes que fue presentado en 1987 con el single Barcelona, causando un efecto tal que pareció anular al resto de las siete piezas restantes: La Japonaise, The fallen priest, Ensueño, The golden boy, Guide me home, How can I go on (con John Deacon al bajo) y Overture piccante. «El concepto de Barcelona, el single y el álbum que le siguió, necesitaba que todos comprendieran que nunca antes se había hecho nada como esto. Por supuesto, hubo dúos entre cantantes de ópera y de pop, pero nunca una pieza original entre una estrella de rock icónica y una leyenda de la ópera», alude Moran, que además de co-coproducir la obra –junto a Mercury y David Richards– y tocar los teclados, es autor de los arreglos de Barcelona y de la música de The fallen priest, Ensueño y The golden boy, además de co-escritor con Freddie Mercury de Barcelona, cuya letra –en castellano e inglés– es una oda a la conexión que se estableció entre los dos músicos el día de su primer encuentro: «How can I forget the moment that you stepped into the room. You took my breath away (Cómo puedo olvidar el momento en el que entraste a la habitación. Me quedé sin aire.) / Barcelona, la música vibró / Barcelona, y ella nos unió / And if God willing we will meet again, someday (Y si Dios quiere nos reuniremos de nuevo, algún día)».

Las sesiones de Barcelona con Montserrat Caballé iban a suponer un reto mayor debido a la diferencia de estilos. Moran rememora una discusión que tuvo con Freddie al principio: «Le dije que lo más importante que tenía que recordar era que él cantaba rock y Montserrat cantaba ópera, y que ninguno de los dos debía intentar aventurarse en el estilo del otro». El equilibrio estaba en crear una canción que mezclara ambos estilos sin que ninguno de los dos artistas se convirtieran en lo que no eran.

«Las voces se grabaron todas por separado y siempre teníamos la voz de Freddie grabada antes de que entrara Montserrat», prosigue Mike Moran, pasando a señalar, casi a modo de excepción, la pequeña sección que tiene Montserrat –en Barcelona– de una armonía de dos partes sobre la voz principal. La elección y ubicación del micrófono también fue diferente para las dos voces; Freddie usaba micros más cercanos o más lejanos, y Montserrat, generalmente, se mantenía a una distancia que se adaptara a su voz.

The show must go on

8 de octubre de 1988, festival La Nit. Suena en directo Barcelona para veinte mil personas. Montserrat Caballé y Freddie Mercury salen al escenario de gala: ella, con un vestido largo (hasta el suelo) con bordados florales. Y él, con un esmoquin. Se estaba estrenando el tema como himno de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, que se celebrarían del 25 de julio al 9 de agosto de 1992. Para entonces, Freddie ya habría fallecido (24 de noviembre de 1991). 

Aquella iba a ser su última aparición en vida sobre un escenario. May desvelaría más tarde que ese día Freddie actuó con el pie necrosado. Montserrat Caballé supo de la enfermedad de Mercury dos años antes: «Estábamos en el estudio grabando, y decía que no iba a poder hacer lo de Barcelona. Me quedé parada, porque pensé que era que él no quería», recapitulaba Caballé en La2. «Dijo que con el SIDA no podía pensar en dos años vista».

Antes de morir (es posible que Mercury ya se estuviera despidiendo en Guide me home), Freddie tenía otro deseo más: hacer juntos El fantasma de la ópera (Gastón Leroux). Montserrat fue al estudio y grabó un aria. Cuando Mercury lo escuchó por primera vez –a través del teléfono–, se emocionó: «Es maravilloso. Siempre he soñado con escuchar esto. Muchas gracias, Montsy».

Carlos H. Vázquez