Antonio Salazar

Uno de los temas estrellas del momento es la discriminación salarial que, afirman, sufren las mujeres con respecto a los hombres. Lo cierto es que no es un fenómeno netamente español, es algo que ocurre en todo el mundo. Para el caso que nos ocupa, en nuestro país se dice que la brecha salarial bruta es del 22,8%. De ser algo que no admitiese discusión deberíamos asumir, si más, que nuestros empresarios son tan machistas como brutos, porque podrían contratar a mujeres para que hagan el mismo trabajo que los hombres por una fracción de su coste. ¡Se han vuelto locos estos romanos!

Lo cierto es que nunca es el mismo trabajo. Por ejemplo, una de las primeras causas que explican la diferencia es el número de horas trabajadas, los hombres lo hacen en promedio 36,4 horas por 30,4 de las mujeres. Hecha la corrección, la brecha queda en un 14,2% y es menor que la que presentan países como Alemania, Reino Unido, Austria, Holanda, Dinamarca o Noruega.  

 

Por otro lado, esa brecha puede explicarse por otros factores: por ejemplo, por razones que sí van camino de corregirse, los hombres acumulan una mayor experiencia laboral que tiende a ser recompensada en el mercado laboral. No es menor en importancia el hecho de que los hombres trabajan con un mayor número de contratos indefinidos, con categorías profesionales más elevadas y con mayores responsabilidades de gestión. También es sabido que el sector en el que se trabaje influye en la remuneración, los hombres suelen hacerlo en sectores mejor pagados. No es lo mismo un trabajo de cirujano que de enfermero, pongamos por caso.

 Otro aspecto que es escasamente tenido en cuenta a la hora de analizar este correoso asunto es el efecto de la maternidad, que explicaría hasta un 8% de la dichosa brecha. En España, la diferencia entre hombres y mujeres menores de 30 años es apenas de un 3,3% y en países como Dinamarca es inexistente entre aquellas mujeres que renuncian a ser madres y sus pares masculinos. 

Parece evidente que en las familias se suele descargar la responsabilidad de las crianza de los niños en las mujeres pero, más que una consecuencia del heteropatriarcado, es posible que tenga más que ver con las decisiones libres que toman  hombres y mujeres de manera conjunta. De todo lo anterior no se puede colegir la ausencia de brecha salarial, solo que la que existe atiende a causas múltiples relacionadas con las distintas preferencias familiares y personales de los ciudadanos. 

 

¿Debe hacer algo el gobierno sobre el particular? Hay una razón ética y otra práctica para oponerse a sus iniciativas. La práctica es que el estado tiene un historial notable de fracasos en aquellos campos que sí son de su incumbencia. La ética es que el gobierno debe dejarnos en paz para elegir qué proyecto de vida nos conviene más. La solución no puede ser más interferencias en las libres relaciones domésticas ni profesionales. Menos en una sociedad cuyos avances en este campo son espectaculares, a pesar del gobierno.

 

Antonio Salazar, director de La Gaveta Económica